OÑATI


A orillas de un pequeño riachuelo y a los pies de la sierra de Aitzgorri, se encuentra la villa de Oñati. Sobre ella, en plena sierra, le levanta el Santuario de Arantzazu, donde se venera a la patrona de la provincia, uno de los lugares más visitados y concurridos de todo el País Vasco. Las amplias campas de Urbia, a las que accede con relativa comodidad desde el santuario, son una de las últimas zonas de pastoreo trashumante en la provincia, en medio de un paisaje de gran belleza natural que atrae a gran número de montañeros.

En el Santuario -de construcción moderna, ya que durante las guerras carlistas se dio fuego al edificio anterio- es inevitable referirse a las famosas esculturas de los doce Apóstoles y la Piedad de Oteiza, en su fachada, que supusieron el inicio de un fuerte debate artístico al que no faltaron connotaciones políticas.

Bajando ya a la villa de Oñati, nos encontramos en uno de los núcleos más monumentales y artísticos de toda la provincia. Su rico pasado histórico como Señorío independiente bajo la tutela de los Condes de Oñate -los Vélez de Guevara- ha dejado innumerables huellas en sus plazas y calles, sin que haya sufrido excesivas transformaciones.

Oñati fue desde 1540 hasta 1901 sede universitaria, la más antigua del País Vasco. El edificio de la Universidad, del siglo XVI, con hermosa fachada plateresca y patio de doble piso, ha sido utilizado, posteriormente, como sede del Archivo de Protocolos de Gipuzkoa, además de ser marco para la celebración de numerosos actos culturales. Actualmente es, entre otras cosas, sede de un Instituto Universitario de estudios jurídicos, con lo que, en parte, retoma su vocación universitaria tantas veces añorada.

Otro edificio notable es la iglesia de San Miguel, gótica, de la segunda mitad del siglo XV, en cuyo interior destaca la capilla de la Piedad, con el retablo y el mausolea plateresco del obispo Rodrigo Mercado de Zuazola, fundador de la Universidad de Oñati.