LOYOLA


AZPEITIA Y BASILICA DE LOIOLA

 

Azpeitia es el núcleo más poblado del valle del Urola. Situada a orillas del río bajo la impresionante mole del monte Erlo, su casco histórico conserva algunas casas notables. Así la casa de Antxieta, con su fachada de estilo mudéjar isabelino y su espléndido alero de madera tallada, o la casa Emparan, del siglo XVI, más sobria, con cuatro garitones que sobresalen del tejado en las esquinas. Son prueba de su ilustre pasado medieval, tierra de linajes y de banderías, que pese al desarrollo industrial y urbano, sigue de alguna forma presente en la villa.

Azpeitia fue otra de las sedes rotatorias de la Juntas Generales y cuna de muy ilustres personajes, entre todos el más conocido y el que, sin duda, más ha marcado la historia de la villa, San Ignacio de Loyola. La construcción en su honor de la Basílica, inaugurada en 1738 junto a la casa solar del linaje familiar, y la permanente presencia en la villa de la Compañía de Jesús han tenido una gran trascendencia para el pueblo. Por un lado, la influencia de la Basílica, de los colegios e instituciones religiosas y la propia tradición explican la amplia vocación que siempre ha proporcionado a los jesuítas un elevado número de seminaristas azpeitiarras. Por otro, la indudable atracción turística y devota de la basílica ha facilitado un cierto desarrollo de servicios -hoteles y restaurantes- que ha dado mayor vida al pueblo.

El edificio de la basílica lo componen una iglesia redonda cubierta con una gran cúpula que en su tiempo causó admiración a los arquitectos -y que hoy les está dando muchos quebraderos de cabeza al aparecer grietas que están siendo restauradas con muchas dificultades- a la que se añaden unos pabellones laterales que esconden en su interior la casa torre del linaje de los Loiola, de estilo mudéjar.